TARJA CURIOSA.

Como todo lo que se ubica en La Habana Vieja, a menos de 10 minutos caminando desde CASA MAURA, a unos metros de la Catedral de La Habana puedes encontrar una tarja, ubicada en la esquina del Callejón del Chorro, una de las pintorescas callejuelas que rodean la memorable Plaza de la Catedral de esta capital, conocida también, por los amante de la cocina cubana porque se encuentra ubicada una de las paladares más demandadas de La Habana “Doña Eutimia”, es frecuente que nuestros huéspedes, antes de llegar a nuestra casa nos pidan que les reservemos en esta restaurante privado

Volviendo al tema que nos ocupa hoy, esta tarja, también empotrada en la piedra de una edificación añejada por los años, tiene una inscripción en español antiguo, dividida por una cruz o espada. Según la trascripción en ella puede leerse:

“Esta agua la trajo el maestro de campo Juan de Tejeda, año 1592”.

Así quedó señalado el sitio hasta donde se extendió la Zanja Real, el primer acueducto que tuvo La Habana, de ahí también el nombre de Callejón del Chorro, con que fue bautizada la callejuela.

El abasto de agua potable a la villa de San Cristóbal de La Habana fue motivo de preocupación por las autoridades de la colonia desde los primeros tiempos de su fundación. La zona de la Bahía, donde se asentó la Habana, era pantanosa y sólo tenía cercano el pequeño río Jigüey, hoy Luyano.

Aunque existen evidencias desde 1550, de intenciones de construir un acueducto para traer las aguas desde el rio Almendares, la obra comenzó a ejecutarse sólo una veintena de años después a cargo del ingeniero Juan Bautista Antonelli.

En 1592 se concluyeron las obras y por más de dos siglos estas dos leguas de Zanja Real (alrededor de 8500 metros) se encargaron de mitigar la sed de los primeros habitantes de La Habana. Testigo mudo de aquellos tiempos es el Callejón del Chorro y la tarja que atesora.

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